Noche. Una calle oscura, una puerta abierta, unas tiras amarillas que dicen “precaución”. 28 personas, nada de animo, ni siquiera para levantar el vaso. A estas horas ya nadie esta entero.
(Dale play en este momento y sigue leyendo)
Comienza a tocar la guitarra, la música es suave, arropadora para los sueños rotos. Segundo 18, Angélica tiene que empezar a cantar, toma el micrófono y abre los labios como si fuera a decir algo, inhala… y deja que la música siga, se petrifica en el escenario, los músicos voltean a verse unos a otros sin dejar de tocar sus instrumentos, después de todo “the show must go on”, Angélica retiene el aliento, ni siquiera respira, se detiene del micrófono como si fuera a caerse, la banda sigue tocando, la canción se vuelve solo instrumental, Angélica no cantará. El bar esta oscuro, el escenario se ilumina con una angelical luz azul que provoca frío, la barra y las botellas con una luz amarillenta que provoca soledad y en el resto de lugar solo se ven una cuantas lucecitas rojas que se mueven en la oscuridad, luciérnagas de tabaco con alas de humo. Gama, sentado frente a la batería duda en continuar la canción y en el momento que debía entrar deja a Alonso y a Laura solos… duda… y comienza a tocar, entra a destiempo pero nadie lo nota, no podía dejarlos solos, menos en esas circunstancias.
La chica en la barra sigue sirviendo tragos, el alcohol nunca se acabara, se seca la mano en su entallada blusa amarilla y observa la banda, tiene una expresión en su cara como si estuviera viendo el sol de frente, como si estuviera muy cansada, como si el peso de todos los dolores que dejo al irse cayeran sobre sus hombros.
El joven en la mesa del fondo mira absorto su vaso medio vacío, sin decir nada, sin ver nada, sin pensar nada, la música lo atrapa y voltea a ver a la banda
En la mesa frente al escenario con 2 hombres y tres mujeres miran atentos al grupo sin perder detalle, sin mirar a Angélica.
Un minuto y 45 segundos, es el solo de Alonso.
Angélica se desploma sobre el escenario y comienza a llorar a gritos, la sirena de la ambulancia vuelve a sonar en su cabeza, cierra los ojos con fuerza y ve el parpadear rojo de las patrullas, abre los ojos, el azul frío del escenario se derrama sobre ella y sigue llorando.
La banda no puede dejar de tocar, ni siquiera para apoyar a su vocalista,
Ellos siguen tocando, para demostrarle que ella no es la única que perdió todo, que ella no es la única desolada, que no se van a desplomar igual que ella.
Alonso aprieta los labios, sus ojos se nublan, no deja de tocar, le arde la garganta por contener el llanto, levanta la cabeza, sus lagrimas escurren, sus dedos se mueven por instinto sobre la guitarra, llora en silencio, pero no deja de tocar
Ya no hacia falta que Angélica cantara, todos comprendían la música, era la canción de todos que cantaban en su cabeza, la canción que los unía.
…el amor no lo ha podido encontrar… o no se ha dejado encontrar… una historia de corazones rotos.
Angélica solo pensaba para ella misma… nunca encontró el momento de decirle te quiero… y es que esa mañana no se quería levantar, y es que ella no quería tocar en el bar ese viernes… solo ella y sus pensamientos… recuerdos… enfermedad… la vida después de la muerte. y el no poder perdonar.
Se respira tristeza, melancólica, sueños rotos y un poquito de esperanza que sale de la guitarra, la situación depende de la música.
Al fondo una mujer espectralmente blanca con un vestido negro aplaude, todos voltean a verla, ella sonríe… y todos rompen a llorar.
Hacia apenas tres días que el bar de la desesperanza se había incendiado en una violenta explosión, en el incendio murieron todos. El lugar todavía huele a plástico quemado. La mayoría no tuvo tiempo de darse cuenta de lo que había pasado, un acontecimiento tan terrible que fragmentó la línea del tiempo repitiendo una y otra vez aquel viernes por toda la eternidad, en el mismo instante que tocaban esta canción.


Responder a Pancho ‘El autor’Cancelar respuesta