El sonido del agua cayendo había hipnotizado completamente a Juan Pablo, sin darse cuenta, o quizá sin importarle, había abierto la llave del lavamanos a todo lo que daba. Ese sonido, el burbujear del agua, la sensación en sus manos y el shock de aquella imagen le había bloqueado cualquier pensamiento. Observaba el agua corriendo y desapareciendo, deseo con todas sus fuerzas irse con el agua y terminar en la alcantarilla que al fin y al cabo no podría ser peor que la cloaca de su vida, si se iba con el agua o no su vida terminaría igual, en el hoyo.
Llevaba media hora lavándose las manos como si quisiera deshacerlas con jabón y agua, parado en medio de un charco de agua y el abdomen frío salpicándose, con miedo de salir de ese cuarto.
Laura había encendido un cigarrillo y seguía sentada en la sala, desnuda, con la luz prendida y sin mostrar inhibición alguna. Miraba a un punto indefinido en la pared, se ahoga con el cigarrillo y tose estrepitosamente saliendo de su hipnosis.
La verdad es que Laura no es muy brillante que digamos, es ese tipo de mujer que se la vive sonriendo ante cualquier situación, fanática del rosa y bastante aniñada, no es muy brillante y ella lo sabe, para su suerte la naturaleza siempre compensa la falta de algo con la abundancia de otra cosa y el poco intelecto se le vio recompensado con un par de nalgas imposiblemente voluptuosas y paradas que ha sabido utilizar para obtener casi cualquier cosa. En la empresa es el delirio de todos los hombres y ella se dedica a dar alas al por mayor consiguiendo desde café gratis todos los días, hasta aumentos y asensos en trabajos que ella ni siquiera sabe realizar, las mujeres, por el contrario, la aborrecen, quizá por ser el estereotipo de una mujer tonta, o quizá por la envidia de ver como el vaivén de su trasero va abriendo todas las puertas a las que se acerca, pase lo que pase, Laura es la protegida del jefe. En resumidas cuentas eso es Laura, blusas rosas, una eterna sonrisa de dientes un poco chuecos, amabilidad exagerada, pescadores blancos por los que se transparenta su trasero con el impúdico toque de una tanga en colores pastel sobresaliendo por la pretina, cabello largo color caramelo, ojos pequeños, quizá no sea muy bonita, pero tiene un aire sensual y travieso que provoca los pensamientos más obscenos hasta en el hombre mas recatado.
Por fin Juan Pablo cierra la llave y aunque ya no corre agua le parece seguir escuchándola, se observó frente al espejo como si hubiera despertado de un sueño confuso, una vaga sospecha, temor, antes de encerrarse en el baño estuvo a punto de llorar por la ansiedad, antes de eso se había decepcionado de la humanidad entera por culpa de un viejo verde y una joven de dudosa reputación, antes de eso había actuado sin pensar, aunque si hubiera pensado seguramente habría hecho lo mismo. El viejo yacía tendido en el suelo con un sacacorchos clavado repetidas veces en la sien y el ojo, quizá la parte mas insoportable de ese cuadro era que la erección le duro varios minutos después de muerto.
En fin, ya se ha dicho que Laura no era muy brillante y su reacción ante la sangre y el acto violento de Juan Pablo había sido toda una sorpresa para él, imaginaba que se pondría histérica y no paría de gritar, imaginaba que saldría corriendo o llamaría a la policía, esperaba cualquier reacción pueril de su parte pero ver a Laura mirando el cadáver con una frialdad increíble, sin ese aire de niña boba, sin esa risita aguda, le hizo desearla mas que en cualquier otro momento, ahí mismo, manchado de sangre junto a un cadáver de una manera salvaje y desesperada, sexo duro como su mirada.
Soltando un jadeo ambos se levantaron y contuvieron el aliento, alguien tocaba a la puerta ¿quien demonios podría ser a esa hora? en ese momento…


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