Hola… te traje flores —decía Ricardo mientras las ponía sobre el buró junto al respirador— no me podía decidir entre girasoles u orquídeas, así que traje tulipanes, espero te gusten… quiero darte algo, es un amuleto de la suerte que me ha acompañado todo este tiempo en la fuerza —Ricardo sacó del bolsillo de su gabardina una moneda antigua incrustada en un aro atravesado por una cadena de plata— es un denario; mi padre me lo dio cuando me enlisté en la academia y desde entonces me ha traído suerte, ten, quiero que lo tengas —se acercó a Nubia y le puso el denario alrededor de su cuello— …juro que atraparemos a quién te disparó, lo juro. Acabo de toparme al jefe en el pasillo, parece que él también está preocupado por ti y me ha asignado a otro caso, dice que es mejor que me mantenga en otros asuntos para no dejarme llevar por la ira en la investigación, y… creo que tiene razón
—Ricardo caminó hacia la ventana— Minina está bien, al parecer apenas regresaba a tu departamento cuando el incendio comenzó, la recogí y ahora está en casa, descuida, le compré un ratón de juguete y parece encantarle, es una gatita simpática después de todo —Ricardo dio media vuelta y caminó a la entrada, cerró la puerta y regresó a un costado de la cama de Nubia— Logré conseguir algo de información en las calles, algunas personas vieron a una mujer salir corriendo del callejón y subirse a un deportivo azul, al parecer el auto era un clásico; maldita sea, Nubia, ¿por qué tú? —decía mientras acariciaba la frente de Nubia— ¿Dónde te fuiste a meter eh Nubia? no es bueno que te vayas por ahí sola en esa bata de hospital— decía en tono bromista mientras removía del cabello de Nubia una pluma que se había escapado del relleno de la almohada.
prrrr
prrrr
prrrr
Sonó el teléfono celular
-Detective López, ¿qué sucede?
-Ricardo, será mejor que dejes por ahora a Nubia y te dirijas a la avenida central, parece que hubo un choque de autos, y uno de ellos es un deportivo azul…
Un Mustang Shelby Cobra incrustado en un poste de luz, una mujer aún consciente sobre el volante, Ricardo estaba a dos cuadras de ahí.
-¿Qué fue lo que pasó?
-esta mujer venía por la avenida y al tratar de dar la vuelta perdió el control y bueno, he aquí el resultado
-¿sobrevivió?
-increíblemente sí, López, en este momento los paramédicos la están sacando del auto.
Ricardo se acercó al vehículo mientras los paramédicos atendían a la mujer, se introdujo al auto, abrió la guantera para toparse con una fotografía suya; se quedó frío de la impresión de verse en la fotografía, rápidamente abrió la cajuela y se dirigió a ver su contenido: una bata blanca, un sobre amarillo y un arma con silenciador. Mientras Ricardo revisaba más a detalle el vehículo los peritos interrogaban a la mujer:
-¿A dónde iba con tanta prisa?
-al hospital…
-¿Tiene idea de la velocidad que llevaba?
-estuve a punto de alcanzar los trescientos— decía con un tono sarcástico mientras le ponían el collarín
-¿y por qué no se frenó?
-la luz roja…
-¿la luz roja?
-sí… la luz no encendió…


Responder a REX 🙂Cancelar respuesta