Estoy aquí sin algo mejor que hacer que recordarla, me acuerdo de usted y una sonrisa se me dibuja en la cara con unas lágrimas que asoman mis pupilas. ¿Cuánto tiempo ya?
Usted ¿se acuerda? sí usted, tiene tanto tiempo que tengo prohibido pronunciar su nombre, me es imposible hablarle de tú, escribirle de tú, pensarla de tú. Así que usted sólo eres tú en aquellos sueños donde viene a atormentarme con una paz encantadora, tú, es decir: usted.
Tú y yo se convirtió en tú y él; tú en usted; yo en nada, pero eso sí, yo sin usted, sin lugar a dudas. Usted seguramente ni se acuerda pero yo me acuerdo de usted a cada instante, y cuando me acuerdo de usted, me acuerdo de ti, y acordándome de ti me acuerdo de mí, de aquél tiempo donde usted no era usted y yo no era yo, sino éramos tú y yo es decir: nosotros.
De nosotros ni hablar, de usted mucho y de ti ya nada.
De tú a usted hay un tiempo específico que no he querido contar desde la tercera vez que perdí la cuenta, pero es cuestión de un poco de aritmética para dar con el tiempo exacto en que usted de convirtió en usted.
Usted es para mí lo que tú eres para él.
Usted y yo, yo y usted, es la misma tristeza con el mismo sabor y a final de cuentas: sin usted.
De ti ya nada sé, pero de usted me acuerdo todo el tiempo. Aquí entre nos confieso que siempre que me acuerdo de usted en realidad estoy pensando en ti.
© Yair Lira
