Es el tambor de tus deseos.
Tu risa tonta que mueve al mundo.
Las manos rotas del trabajo.
Tu desvelo mientras duermo y mi pierna sorda que no te deja dormir.
Es el confort del hogar desordenado.
La paz de los desterrados.
El calor de quienes arden de otro color y sin flama.
Sólo la tranquilidad de ser sin deberse a nadie.
No es el rojo apasionado, ni el blanco paz, no es el verde ni el morado.
Es el azul, el que llevo en la almohada, en la pared, en el espejo.
Azul es el hueco donde cabes y azul es el color de mis mejillas cuando pienso que extraño todo lo que nadie más extraña de ti.
© Yair Lira