Despeinado, ojeroso y más delgado,
he bajado la panza de tanto caminar, comer poco,
dejar la coca-cola, beber agua y escribir.
Del mismo alto pero muy triste y más cansado,
sin lugar a dónde ir pero sin dejar de caminar;
de mirada perdida y una sonrisa que se dibuja
pero no termina de aparecer.
Soy el mismo de siempre pero más cambiado
retomé viejos vicios y sigo sin fumar.
nada de sexo, drogas ni rock and roll.
Sin fe y con pocas esperanzas,
con las convicciones revueltas y unas perdidas
con la conciencia tranquila,
sin sueños ni a quién besar.
Parado noche a noche al borde de la sombra,
mirando estupefacto el sitio exacto
donde la luna ha de salir pero que no llega.
© Yair Lira
